Hoy está de moda hablar de la necesidad de crear un “nuevo modelo de desarrollo económico”

olvidando los gritos de “que viene el lobo” que los expertos venían haciendo desde hace más de quince años.

 

 

Aunque sea paradójico, es una moda que se repite periódicamente. Me refiero a insistir en la necesidad de cambiar, cuando se toma conciencia del desastre que se ha producido al no cambiar cuando se tenia que haber hecho.

 

Hoy está de moda hablar de la necesidad de crear un “nuevo modelo de desarrollo económico”, olvidando los gritos de “que viene el lobo” que los expertos venían haciendo desde hace más de quince años. Porque no hay que ser muy sabio para saber que una economía cuyo desarrollo se asienta fundamentalmente en dos sectores tan frágiles como el turismo y la construcción, tiene unas enormes limitaciones en el tiempo.

 

Alucino cuando escucho tanta palabrería. ¿Qué significa “un nuevo modelo de desarrollo”? Mi sorpresa viene cuando tomo conciencia de que cuando se está hablando de “nuevo” se refieren a “una nueva forma de hacer”, en otras palabras, otro paradigma: tecnología.

 

La cuestión no está en cambiar la forma de hacer las cosas, sino en la forma de interpretar la realidad, o lo que es lo mismo, en la forma de pensar.

 

Lo que tenemos que cambiar no es lo que hacemos, sino el porqué y para qué lo hacemos. El cambio de modelo no puede ser consecuencia de hacer otras cosas, sino de hacerlas con una forma diferente de pensamiento.

 

Es decir: Un nuevo modelo de desarrollo implica una nueva forma de pensar.

 

¿Y qué es lo que tenemos que cambiar de nuestra forma de pensar? El académico, empresario y autor Aldo Olcese, nos lo dice muy claramente en su última obra “El capitalismo humanista” centrándose en los paradigmas que debemos cambiar, si realmente queremos crear algo nuevo. Son dos en los que el autor hace especial énfasis. Por un lado, la visión del ser humano como homo economicus.

 

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Las personas somos algo más que creadores de riqueza. Es más, la riqueza es consecuencia directa de “este más”. No hace mucho se ha descubierto la inteligencia emocional, seamos consecuentes con lo que esto significa: me niego a limitar mi vida a un balance, me niego a identificar el sentido de mi vida, o mi propia razón de ser, con los resultados económicos que con ella obtenga.

 

Y por otro, el objetivo central de una empresa es “obtener beneficios para sus accionistas”. Esta afirmación del Premio Nobel Milton Friedman corresponde a una época jurásica.

 

Hoy, autores como el fallecido Drucker, y los activos Handy, Kofman y Senge, entre otros muchos, afirman taxativamente que “el objetivo de una empresa es dar servicio, aportar valor a la sociedad” y que el beneficio económico, tan importante y de tanto derecho obtener, es la consecuencia. Y no es un juego de palabras. Olcese en su obra llega hasta los cinco paradigmas a superar.

 

Centrérmonos en estos dos, seleccionados, entre otras razones, porque si hay una expresión que provoca reacciones contrapuestas en mis conferencias es la de que “el principal objetivo de una empresa es aportar valor”.

 

Creo sinceramente que no es posible ningún cambio si no dejamos de ver a las personas como “instrumentos para conseguir resultados” (y esto no sólo corresponde a los empresarios, sino también –y quizás fundamentalmente– a los políticos, viendo en cada uno de nosotros un voto) y si no nos planteamos en profundidad el fomentar la creación de empresas que, desde su principio, se establezca como objetivo central la de servir e innovar, hablar de nuevos modelos de desarrollo es puro cinismo.

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Y estas dos palabras son las claves para servir de base a cualquier nuevo modelo de desarrollo. Servir e Innovar. Claro que en su más profundo significado.

 

Servir es poner los intereses de la otra parte, como mínimo, al nivel de los nuestros.

 

Innovar es poder expresar mi libertad en todas sus consecuencias. No hay innovación sin libertad, y a su vez, ésta es imposible sin responsabilidad.

 

Y ahora y para terminar les invito, amigos y amigas, a que revisen los planes de desarrollo que se están implementando en nuestro país.

 

Y en paralelo les invito a analizar los programas de formación centrados en la formación de directivos, y ya no digamos de emprendedores, tanto en escuelas de negocio, como en universidades.

 

Les invito a que intenten descubrir si estos conceptos –Innovar, Servir y Responsabilidad– aparecen de alguna forma en los modelos de desarrollo, así como el sentido que se da a estas palabras en los planes de formación de nuestros empresarios y directivos del futuro.

 

Y a partir de este análisis, decidan si realmente estamos promoviendo nuevos modelos de desarrollo.

 

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