Empresas

El escritor Scott Fitzgerald afirmaba que hacían falta tres generaciones para crear un artista.

 

 

El escritor Scott Fitzgerald afirmaba que hacían falta tres generaciones para crear un artista.

 

 

La primera se centra en alimentarse y llevar a sus hijos al colegio. La segunda se centra en conseguir un buen colegio y una buena comida. La tercera reflexiona sobre lo que hace. Sin duda alguna este autor no estaba pensando en las empresas familiares, al crear este esquema. Creo, sin embargo, que puede extrapolarse perfectamente a las mismas.

 

La primera generación de empresarios se centra en crear, en materializar sus sueños. Impulsados por un potente espíritu emprendedor. Es su instinto el que le inspira y es su visión la que le da fuerza para seguir, incluso cuando nadie lo hace.

 

La segunda se enfoca en la gestión. Aquí aparecen los primeros enfrentamientos con la primera, si esta no ha tomado conciencia de que su propio éxito ha creado una «nueva realidad» que hay que asumir con un nuevo espíritu. El espíritu de los fundadores, de raíces profundamente emprendedoras, choca frontalmente con la cultura de gestión que han aprendido los miembros de la segunda. Lógicamente, no siempre es así.

 

Recientemente, y con motivo de mi participación en el Día del Emprendedor de La Rioja, tuve ocasión de charlar ampliamente con el Presidente de MRW, Martin Frías, que, con orgullo me comentaba como la eficaz delegación que ha hecho en su hijo para gestionar esta empresa le ha permitido dedicar la mayor parte de su tiempo a compartir su experiencia con emprendedores. Pues bien, esta segunda se centra en la gestión, lo que conlleva la consolidación de los resultados obtenidos por el esfuerzo de la primera. Pero ¿qué pasa con la tercera? La filosofía popular afirma que ésta suele «cargarse» el esfuerzo de las dos primeras, quizás sea así, pero ¿tiene que ser así?, ¿no será más bien que el problema no es de la tercera generación, sino que esta quiere y desea ser una prolongación de las anteriores haciendo lo mismo, o intentando hacerlo diferente, pero sin cambiar su modelo?

 

Si hay algo que parece evidente es la necesidad de crear nuevos modelos de negocio. Realmente si observamos con atención las empresas de más crecimiento en este siglo, han establecido sus estrategias en nuevos modelos.

 

Pero ¿qué es un nuevo modelo?

 

La respuesta la tenemos en las estrategias, ¿no deberíamos llegar más lejos?, acaso ¿estas son nuevas porque se basan en una nueva forma de interpretar lo que es la empresa?, y en este sentido, siguiendo a Fitzgerald, ¿no debería ser esta tercera generación «de artistas» la que aportase esta nueva visión de lo que debe ser una empresa? Creo sinceramente que es urgente cambiar el propio concepto de empresa, a partir de modificar sus propios objetivos.

 

Con insistencia repito que el objetivo prioritario de una empresa, hoy, es aportar valor a la sociedad, esto se define claramente en el nuevo y paradigmático concepto de “triple objetivo de una empresa” (triple bottom line) Pero, claro, para esto hace falta una nueva generación, que retomando el espíritu emprendedor de la primera, y sin renunciar a la aportación en la gestión de la segunda, complemente el circulo con el «alma», pero esto sólo lo puede hacer un «artista», de aquí que la visión del escritor sea perfecta para lo que consideramos debe ser la aportación de las terceras generaciones en las empresas familiares.

Y creo sinceramente que esto solo es posible en este perfil de empresa por una simple razón, se pueden permitir el lujo de sumar: espíritu emprendedor, capacidad en la gestión y «alma»,

 

¿Quién puede hacerlo si no es en familia?

 

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